La iniciativa financiada con recursos del 2% de cultura del FNDR permitió que las internas tuvieran 5 meses clases de baile y acondicionamiento físico.
JOSÉ PINTO ÁVILA
Llegamos a la cárcel de Santa Cruz buscando a la Quenita, una interna que bordea los 60 años, de risa amable, pero estampa de abuelita. Siempre vistiendo polleras largas, abrigada con chalecos de lana y con su pelo siempre tomado, es normal encontrarla en la sección femenina, sentada realizando su artesanía en mostacilla. Pero esta vez “la Quenita” estaba transformada. Un vestido de velos multicolores la vestía, un hermoso y suave maquillaje destacaba sus rasgos, pestañas postizas hacían intensa su mirada…. “Es que hoy me siento mina”, decía, mientras reía coqueta junto a las compañeras con las que preparaba la presentación de cierre del taller de danza.
Y ese era el sentido del proyecto “Mujeres danzan por la reinserción”. No se trató de una iniciativa sólo de recreación o acondicionamiento físico, sino que, el objetivo más importante, era que las internas del los centros de reclusión tanto de Santa Cruz, como de Rancagua, se reencontraran con su feminidad y contribuyera a su autoestima.
“Es que cuando una está aquí sola, ni se arregla. Con suerte para cuando vienen a visitarla”, señalaba otra de las mujeres del CPF de Rancagua, quien disfrutó los 5 meses de taller danza, como los atuendos y los implementos que les otorgaba el proyecto. “Mi marido es el más feliz, ahora para cuando nos toque venusterio (encuentro íntimo con su pareja en la cárcel), le voy a hacer “la media performance”, terminó diciendo a carcajadas.
Para una de las bailarinas monitoras de la iniciativa, Dianne Aranda, “la danza árabe era la disciplina ideal para atender a este grupo de novatas bailarinas, pues sus movimientos suaves, permitían que todas pudieran practicarla, sin importar su edad o condición física. Además, es un baile que les enseña a aceptar su cuerpo, mostrarlo y sentirse coquetas y bellas nuevamente”. Dianne agregó, que en un comienzo todas partieron muy tímidas, pero conforme fue pasando el tiempo, ellas se confeccionaron su vestuario, se maquillaban más lindas e incluso le pedían discos con música árabe grabada para bailar durante los días que no había taller.
Esta semana fueron las presentaciones del término de taller, financiado gracias al 2% de cultura del FNDR regional. Cada una de las participantes, pasó por el escenario luciendo hermosa, reencantándose con su cuerpo y demostrando una técnica ganada con meses de clases y prácticas. En la ceremonia de cierre, el defensor regional, Alberto Ortega Jirón señaló que, “Se trata de un proyecto de aquellos que denominamos “ancla” esto es, iniciativas que pretenden mejorar la auto percepción y la salud sicológica de los internos, preparándolos para otras tareas más complejas, como son la educativa y la preparación para el trabajo. Las internas miran este proyecto como un regalo que les entretiene y les ayuda a sentirse personas nuevamente, nosotros, como un paso más en la intrincada ruta de la rehabilitación. Tampoco podemos soslayar que somos portadores de profundos agradecimientos de las instituciones involucradas, y de las personas condenadas, porque estos proyectos han sido respaldados por el señor intendente regional y por el CORE, como una estrategia de oportunidades en miras a desafiar y combatir el fenómeno de la delincuencia en nuestra región”.

