JAIME VÁSQUEZ A.
Desde Nueva Zelanda, María Alejandra, vino a la boda de su hermano Juan José Farías y Camila Bedregal. También vinieron sus “papás” neozelandeses Robert y Nancy. Es necesario precisar que María Alejandra es nuestra ahijada y lleva tres años por tierras kiwi.
En su estadía en Santa Cruz me correspondió trasladarlos en auto en dos tours. La primera visita fue a la Viña Apaltahua de Apalta. Allí recibimos una atención de excelencia de parte de su gerente don Alfonso Larraín quien ofició, diligentemente, de guía. Por supuesto que la atención iba dirigida a Robert, Nancy y Alejandra. Toda la información fue en inglés. Mi interés en el idioma de Shakespeare y mi participación en el taller de Inglés en la Biblioteca Pública, me permitió disfrutar de clases prácticas. Lo sobresaliente de esta jornada fue conocer a fondo una viña nuestra, todo el proceso de producción y las cajas con botellas listas para irse a China, Vietnam, Estonia y otros lejanos lugares. Posteriormente, don Alfonso, con un entusiasmo juvenil, invitó al grupo a conocer el fundo que la viña tiene en Agua Santa. Un lugar maravilloso. Un entorno natural y artificial bellísimo. A continuación visitamos el Museo de El Huique. Las visitas conocieron detalladamente la historia de la gran hacienda de San José del Carmen que poco a poco se está levantando.
Al siguiente día fuimos hasta Totihue, en la precordillera de Requínoa a visitar la Viña Altair de San Pedro. Allí nos recibió y guió Danitza Olivares; degustamos los vinos Altair y Sideral. Puras exclamaciones de alabanza hacia ambos vinos, creados por la enóloga santacruzana Ana María Cumsille.
El paisaje es de película: desde lo alto se aprecian cantos de avecillas, interminables viñedos y cerros cubiertos de vegetación.
A cada instante yo tarareaba la canción What Wonderful World ” Qué Mundo maravilloso.”.
Lo mismo dijeron Nancy, Robert y Alejandra, ya de regreso en tierras Kiwi.

